Mas Allá del Mat

Mas Allá del Mat

Haciendo mi practica de yoga, mientras fluía de postura en postura, sentía que mi cuerpo se iba abriendo, mi mente y emociones aclarando. Todo se iba sincronizando en una armonía especial. Que rico volver a sentir esto, pues no ha sido una tarea fácil retomar la practica,. En estos últimos días entendí como nunca las ocasiones en que los alumnos me decían que les dolía todo, que eran muy tiesos, o cuando aquellos que habían parado por una u otra razón de practicar me contaban lo difícil que era volver a empezar. Desconexión con el cuerpo, pelea con los pensamientos, no estar en el aquí y el ahora, falta de flexibilidad, y un sinnúmero de síntomas de haber suspendido la práctica regular me invadían. El motivo sin embargo, era inmensamente gratificante, ya que la pausa fue por una hermosa experiencia como el embarazo, el cual terminó en reposo total por ordenes del ginecólogo. Luego, los primeros tres meses de maternidad, no practiqué asanas (posturas físicas), pero viví una experiencia hermosa donde sin duda se trabaja el yoga desde el amor y la entrega desinteresada, desde la aceptación y adaptación. Una etapa hermosa, sin duda, pero extenuante y a veces confusa. Cambios hormonales, emocionales, físicos, teteros, trasnochos, amor desconocido y verdadero… ahora todo retornando a su normalidad, y con ello la rutina, pero con el mas hermoso regalo que me ha dado la vida, una princesita sonriente, autentica, pura y llena de paz.

Al recordar todo esto, empecé a sentir satisfacción y agradecimiento, y por fin la practica empezó a fluir con naturalidad y yo a sentir sus beneficios. Esto fue solo cuando deje el ego a un lado, respetando mi cuerpo y aceptando su estado actual, sin expectativas, sin presiones y sin forzar absolutamente nada. Llegue a la relajación total al final de la práctica de yoga: acostada boca arriba, sin moverme, palmas hacia arriba, con los ojos cerrados y el corazón abierto. Ahí, en ese instante, después de 5 minutos de un profundo savasana, tuve una revelación que me lleno de optimismo y plenitud. De repente entendí algo tan efímero como la felicidad, en un mensaje claro y conciso que sentí en lo mas profundo de mi ser.

El mensaje fue el siguiente: “La felicidad es aceptar las cosas tal cual como son”. Al abrir los ojos, después de estar inmersa en este mar de tranquilidad y dejarme llevar por sus olas de verdad, reflexioné. Comprendí lo siguiente: Traduciendo este mensaje a un plano personal, aplicándolo a la vida, debo aceptarme a mi misma tal cual como soy para encontrar la verdadera felicidad. No soy mas ni menos que nadie, simplemente soy.

Cuando hay comparaciones, hay expectativas; apenas hay expectativas, viene la desilusión, el miedo al fracaso, la angustia… se escapa la felicidad. Cuando me acepto tal y como soy, con defectos, virtudes, un ser humano que comete errores, que no es perfecto, no hay nada por que preocuparse. Aunque superficialmente parezca que no somos iguales, en el fondo, la esencia de todos es la misma. Todos tenemos miedos, días de felicidad, días de tristeza, sueños, anhelos. Esto no significa que tener metas, sueños y motivaciones no contribuyan a mi plenitud y realización como persona pero siempre partiendo de la base que si me acepto con humildad podre caminar hacia estas metas de una manera mas segura y honesta conmigo misma. Además, el camino para llegar a ellas fluirá y el énfasis se trasladara al camino, a el proceso, no a los resultados.

Recordé entonces y entendí mejor que nunca la oración de la serenidad del teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr que dice : “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para reconocer la diferencia” (reemplazando dios por un poder superior como cada quien lo conciba: universo, naturaleza, ala, jesus, etc.). Hago lo mejor que puedo y me permito soltar el control, entregar el resultado al universo y estar en paz con este, entendiendo que será parte de mi crecimiento así no sea exactamente lo que esperaba o estaba en mis planes. No importa si el resultado me parece “malo”, el aceptar es evitar poner etiquetas a las cosas, y mirar desde otra perspectiva la situación con la seguridad de que es exactamente lo que necesito y es esencial para mi crecimiento y evolución en ese momento de la vida.

La aceptación comienza en el mat: aceptar mi cuerpo como es, aceptar que así enseñe yoga hay posturas que no tengo la capacidad de hacer, trazar metas en mi práctica, trabajar por ellas y hacer lo mejor que pueda, pero no obsesionarme con el resultado. Soltar el control y estar en armonía con lo que suceda. Luego esta aceptación se extiende a otras áreas de mi vida: cuando salgo a hacer una vuelta de afán y encuentro un tráfico agobiante, cuando un familiar dice exactamente lo que me hace salir de casillas, cuando las cosas no salen como las tenía planeadas. Y con aceptación, día a día, minuto a minuto, logro soltar, rendirme al universo, para así encontrar la libertad y dejar a un lado el tan esclavizante ego.

Finalmente, siento la vibración del om en mi interior, engrandeciendo mi corazón, relajando mi mente, refinando mi intuición. Al decir la palabra NAMASTE sonrió porque hoy mas que nunca entiendo sus significado: “la luz divina que habita en mi reconoce la luz divina que habita en ti”. Abro los ojos y comienzo el día con la tranquilidad de que estoy justo donde tengo que estar.